domingo, 20 de junio de 2010

Matrimonio entre personas del mismo sexo y adopción.-

Del matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción por parte de parejas homosexuales.

Matrimonio.

Lo más difícil de estas líneas, será lograr que no sean tantas. Andaba con ganas de escribir algo al respecto y la editorial de La Nación linkeada por @JPVarsky en Twitter me termino de empujar.

Para empezar a dilucidar la cuestión respecto del matrimonio entre personas del mismo sexo, es necesario delimitar el objeto de la discusión. Si bien existen algunas diferencias entre las líneas argumentales que se alegan en contra de este tipo de uniones, la gran mayoría se apoya en la “naturaleza” de la institución del matrimonio. Frases como “el matrimonio entre personas del mismo sexo es antinatural” se escuchan mucho, o “es anormal”, incluso “se trataría de legitimar una unión inmoral”, etc. Lo cierto es que todas ellas no solo tienen puntos en común, si no que quieren decir finalmente lo mismo. “NO ME GUSTA QUE SE CASEN DOS PERSONAS DEL MISMO SEXO.”

Como he dicho en algún otro post, la “naturaleza de las cosas” solo se invoca cuando estamos de acuerdo con ella. Es decir, se utiliza como alegato universal que no solo sirve para sostener lo que sea que estemos argumentando, si no para proponerlo como postura única. La pregunta imperiosamente necesaria cada vez que alguien alegue de esta forma, es: ¿Y quien dice que ESA es la naturaleza de las cosas (o de lo que fuere que se esta discutiendo)? Aquella pretensión de universalidad que tiene este tipo de línea argumental hace que muchas veces se responda que “simplemente es así” y trae aparejada la creencia de que aquél que piense diferente, estará como mínimo equivocado, cuando no, LOCO. Suele ocurrir que esta forma de defender ideas, vaciando de contenido cualquier discusión al respecto, por encontrarse, supuestamente, la naturaleza de las cosas asequible para todos; tiene tras de sí, pura y exclusivamente una cuestión moral.

Los pensamientos morales, suelen funcionar de la siguiente manera: aquello que alguien cree que esta mal, (esta persona cree que) esta mal para todos, no es deseable que nadie lo haga y aquél que crea que hacer lo malo es bueno, estará equivocado. Entonces cada individuo generaliza su moral, como si esta fuera la que todos los demás deberían tener, para, finalmente darle a esa moral (a aquellos pensamientos respecto de lo que esta bien o esta mal) el galardón de “natural” (y por ende universal) lo que la vuelve indiscutible. Hasta aquí he intentado no mencionar doctrina religiosa alguna, pero es claro que en el caso que nos ocupa, esta naturaleza alegada del matrimonio heterosexual, esta claramente signada por el discurso moral occidental de las religiones judéo-cristianas. Es así que apoyados en creencias, que se supone, no deben ser impuestas en una democracia liberal occidental en la que el derecho a la libertad de culto se encuentra garantizado en la propia Constitución Nacional, se reclama al Estado que prohíba el otorgamiento de derechos, que son jurídicos y nada tienen que ver con religión, moral, o creencia alguna, a cierto grupo minoritario de la sociedad que se ve en desigualdad de condiciones ante situaciones similares.

Entramos aquí en el centro del asunto. El matrimonio, reglamentado en los artículos 159 y subsiguientes de nuestro Código Civil, no es más que eso; una institución del derecho civil que reglamenta derechos y obligaciones de dos personas que celebran una unión. Claro, esta no es cualquier unión, la misma suele estar acompañada de muchas situaciones que parecen deseables, como el amor entre los contrayentes, la capacidad de convivencia de los mismos, los deseos de formar una familia y para todo ello se les otorgan ciertos beneficios recíprocos, al uno respecto del otro con los que no cuenta una persona respecto de ninguna otra que no fuere su marido/esposa.

Ahora bien, en primer lugar, todo aquello que rodea al matrimonio no forma parte de los requisitos legales para su celebración, con lo cual poco importan a esta discusión - ¿se imaginan si en el código civil estipulara que no pueden casarse dos personas que no se aman? ¿Cómo haríamos para averiguar si se aman o no? Que problemón!! - Pero el punto es, que así como no exige que las personas se tengan que amar, tampoco parece tener nada que ver con esta institución, lo que otras personas piensen respecto de la moralidad del mismo (el art.176 establece que solo puede presentarse oposición al casamiento por cuestiones expresadas en el mismo código, y en él nada dice respecto de la moralidad sostenida por terceros).

Entonces, sí el matrimonio es una institución jurídica que otorga ciertos derechos a dos personas que deciden compartir su vida en virtud de la relación que los une ¿Por qué dos personas del mismo sexo que tienen una relación tal que los hace desear contraer matrimonio y que además de ello vivirán o ya (con)viven como cualquier otra pareja heterosexual, deben verse en desigualdad de condiciones jurídicas respecto de aquellas?-¿porque aquellas parejas heterosexuales entienden que no es moral que dos personas del mismo sexo obtengan los mismos derechos que ellos?-. Creo que luego de este razonamiento, la respuesta afirmativa a esta pregunta y/o en su defecto aquella que se apoya en la “no naturalidad de dicha unión”, queda expuesta por su intolerancia la cual no puede ser sostenida desde un Estado democrático liberal del sigo XXI.

Adopción por parte de parejas del mismo sexo.

He aquí la cuestión más sensible que el tema en debate tiene como corolario.

Sin embargo, intentaré alegar que fuera de toda cuestión moral, argumentos del tipo psicológico que sostienen que esto sería malo para los niños y pruritos casi instintivos que esto despierta en, incluso, personas que están de acuerdo con el matrimonio homosexual (en la C.A.B.A más de la mitad de las personas estaría de acuerdo con el matrimonio gay, pero menos de la tercera parte con que tuvieren la posibilidad de adoptar) esta cuestión es de una reglamentación (por la aceptación de la adopción) imperiosa.

Respecto de los argumentos morales y su relación con las decisiones jurídicas de los Estados me remito a lo sostenido anteriormente

En cuanto a los argumentos respecto de la salud psicológica del menor, voy a apoyarme en la editorial del diario La Nación antes mencionada a fin de desmenuzar el argumento.

Cito tan solo una parte de dicha editorial que sirve como muestra y disparador: “Estudios norteamericanos a cargo de expertos en ciencias del comportamiento de la Universidad de Carolina del Sur llegaron a la conclusión de que los menores que viven y son criados por parejas homosexuales han padecido fuertes emociones, como miedo, inseguridad, ansiedad, aprehensión, vergüenza y enojo al tratar de esconder o negar la homosexualidad de los "padres, molestarse por recibir sobrenombres dolorosos y alteración de sus amistades".”

Si no entiendo mal, el problema radicaría en que a los chicos, puede serles complicado enfrentar la situación de tener padres homosexuales ¿Porque los van a cargar en el colegio? Claro que estoy minimizando lo dicho en la nota, pero yo me pregunto ¿Qué chico no enfrenta “fuertes emociones, como miedo, inseguridad, ansiedad, aprehensión, vergüenza y enojo” en su infancia por muy variados motivos? Todos sabemos que los niños son crueles. Muchos habrán sufrido el desprecio de sus compañeros por ser de tez más oscura, de otra etnia, por ser gordos, o muy flacos o incluso por tener alguno de sus padres discapacitados. Entonces me pregunto: ¿Deberíamos prohibirle la adopción a una pareja en silla de ruedas que no puede procrear, por miedo a lo que a los chicos les digan en el colegio? ¿O de una pareja de enanos? Buceando en esta línea argumental, creo entender que a juicio de muchas personas, la pareja homosexual es una pareja sub-ideal o sub funcional y por ende no debería permitirsele adoptar niños.

Perdón, ¿me perdí de algo? ¿Qué es una pareja ideal? ¿Cuál debería ser el modelo a seguir? Cada familia es un mundo, cada pareja es un mundo y si existe alguna pareja “funcional” e “ideal” que no se vea sumergida en problemas que puedan generar aquellas “fuertes emociones” (de las que habla el artículo) en sus hijos, por favor, que me la presenten; y aún así si existieran, claramente, se trataría de una muy pequeña minoría.

De cualquier manera, todo lo dicho hasta aquí se cae de cuajo, cuando nos remitimos a la ley vigente, que es la que torna imperioso el dictado de una norma que contemple la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. La ley argentina hoy por hoy establece que un niño puede ser adoptado por un matrimonio o por una sola persona. Como resultado de ello, un homosexual se encuentra perfectamente habilitado por la ley para adoptar un niño. En un sentido netamente progresista y amplio la norma no obliga a una persona que quiera adoptar un hijo a estar casada o si quiera en pareja, basta su voluntad para ello y la posibilidad concreta de brindar a un niño el cuidado y formación que podría brindarle cualquier otra familia; de hecho, el mundo esta lleno de familias “monoparentales” y no justamente por adopción (lo cual refuerza la idea de que la pareja ideal no es necesaria para la formación de un niño, si es que existe la pareja ideal). Al aceptar este tipo de adopciones, se esta aceptando, como corolario la adopción de un niño, por parte de un homosexual ¿Cómo evitarlo? Habría que pedirle al Estado, en este caso a la Justicia, que es la que se encarga de decidir quien es apto para adoptar en el caso en concreto, que investigue a esta persona que se inscribe como adoptante monoparental, que se meta dentro de su cama y que de ser homosexual, le niegue el derecho a adoptar. Me parece que no hay mucho que decir al respecto; si una persona puede adoptar en soledad… ¿Como justificar la negativa de la adopción en soledad de una persona por ser homosexual? Sería claramente discriminatorio.

Así las cosas, un/a homosexual puede adoptar un niño, pero podrá hacerlo él/ella solo/a dado que para que un niño dado en adopción sea inscripto a nombre de dos personas, es necesario que estas se encuentren casadas. Lo cierto, es que hoy en día, existen miles de parejas homosexuales, que han adoptado un niño y que le brindan el amor y la formación que entienden correcta permitiéndole desarrollarse plenamente, dentro de una familia que de otra manera, no habría tenido. Sin embargo, ese nene, se encuentra en una desigualdad enorme respecto del compañerito de colegio que tiene dos padres heterosexuales, ya que, de fallecer alguno de ellos, el heredara a cualquiera de los dos, de tener un trabajo que brinde cobertura social a uno de ellos o a ambos, el podrá encontrarse cubierto por ella o por la que más le convenga, según el caso mientras que el hijo adoptivo de una pareja homosexual, se encontrará con que si uno de sus padres (o madres) fallece y este/a no fuera aquél que se encuentra inscripto como su padre/madre, no tendrá derecho alguno respecto de su legado, como tampoco podrá encontrarse cubierto por la obra social de aquél (y estas son solo dos de muchísimas situaciones similares). Todo lo dicho, genera una desigualdad en términos reales, empíricos, que destroza cualquier tipo de argumentación posible en su contra, por los motivos que fuere, que no puede ser abalada por el Estado y que debe ser subsanada de inmediato, ya que matrimonio homosexual o no, existen miles de niños sufriendo un menoscabo en sus derechos HOY MISMO.

Diego Rébora. 20/06/2010.-

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